Breña

El viento trajo la semilla y se confabularon sedimentos, tierra fértil, agua y sol; la dejaron crecer. Una pequeña raíz al comienzo, luego tres y cuatro se fueron multiplicando por debajo del subsuelo. Se fortalecieron sus fibras abrazándose a la tierra como un animal que no renuncia a la existencia. A nadie incomodó al principio, tumultos de tierra abrieron paso a su andar, las flores se entregaron convencidas de su buena acción y la grama se dejó abrir aquí y más allá. Poco a poco, de las raíces brotaron las vulvas y los troncos aventurandose a crecer en paralelo. Enramada hacia el cielo, se esparció la maleza por encima y por debajo del terreno. Sin que nadie lo entendiera se ahogaron azucenas, lirios y azaleas.

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